sábado, 7 de abril de 2012

CARTA ABIERTA DEL DIOS GUARI DE CHAVÍN

El dios Guari de Chavín

Te saluda el dios Guari de Chavín, la cuna de la Civilización Andina. Quiero muy brevemente darte a conocer algunos datos en relación al sitio donde se ubica mi templo.

En primer lugar considera que es un sitio sagrado, que por un largo milenio fue «el centro del mundo» y que de aquí surgieron las bases y principios de lo que los estudiosos llaman hoy La Cultura Andina.

Por eso, por un mínimo de respeto te voy a pedir que no me insultes, que no me llames «Lanzón», soy Guari y los antiguos chavinos me consideraron el Dios Civilizador.

Felizmente mi verdadero nombre no se ha perdido. Se ha conservado a través de los milenios gracias a los mitos que hablan de mis hazañas, de las bondades que tuve con mi pueblo y de como les enseñé a fructificar la tierra.

No solo la tradición oral ha preservado mi nombre, Las crónicas de los españoles también me reconocen y sabios historiadores certifican la validez de mi verdadero nombre. Quien quizás ha escrito con más respeto sobre mí es doña María Rostworowski de Diez Canseco, esta casi centenaria dama, en su libro «Estructuras Andinas de Poder» resume mis principales características: podía convertirme en hombre, en culebra y también en aire veloz; cuando me convertía en hombre llevaba larga barba y me presentaba como un sabio anciano. En sus oraciones, la gente me pedía abundantes cosechas, aguas para las acequias y salud; y yo gustoso todo les otorgaba porque era muy agradecido con mi pueblo.
María Rostworowski
Yo les enseñé la reciprocidad, a ser agradecidos, a dar con largueza porque yo les devolvía al doble y con generosidad. También le enseñé a la gente el arte de construir andenes y de sacar acequias de los ríos. Fui el Dios Agricultor y regalé a mi pueblo comida en abundancia. Yo enamoré a la Madre Tierra para que se deje fructificar y enamoré a la Madre Agua para que sea dócil y se deje canalizar. Todo esto lo señala doña María.
La Madre Tierra
También ella indica que mi representación es una huanca (piedra sagrada) colocada en el interior de mi templo. ¿Sabías que para construir el gran templo de Chavín, primero colocaron mi huanca y alrededor de ella levantaron muros y rellenos? ¿Sabías que soy el único dios de todo el mundo andino que aún tiene su imagen colocada en el mismo lugar donde fui instalado hace casi cuatro mil años? Es por ello que exijo respeto. Antiguamente para venir hasta mi templo la gente hacía larguísimas peregrinaciones, venían desde Piura y desde el Cusco; hasta de más allá. Y yo les enseñaba los secretos de la vida y de la agricultura a través de mis sabios sacerdotes.


Mis sacerdotes tenían un truco, como llaman ustedes, para acertar en la predicción de cómo iba a ser el año agrícola. Hacían traer desde Tumbes el sagrado «Mullu» (Espóndylus), que aparece con la Corriente El Niño, y según su color y grosor, podían predecir si el año iba a ser bueno o malo. Pero yo ya había hablado eso con la Hatun Mama Cocha (el mar) y si mi pueblo me había honrado, le pedía que mande un mullu bien rosado y grueso, señal que las lluvias iban a ser abundantes, entonces podían sembrar en todo tipo de terreno; pero si mi pueblo se había portado mal, entonces pedía al mar que envíe un mullu pálido y quebradizo, señal que no habrían lluvias en el año y que deberían sembrar sólo en terrenos con riego y alimentos que no consumen mucha agua. Mis sacerdotes ordenaban al pueblo actúen según mis indicaciones y como el oráculo era acertado, mi prestigio crecía y crecía.
El mullu sagrado de Chavín

De este modo, pude enseñorearme por el antiguo Perú durante mil años, que es el ciclo que duramos los dioses andinos. Me eclipsé para dar paso al dios Wiracocha. Pero yo senté las bases para el desarrollo de la gran Cultura Andina, que sigue vigente hoy en día, cultivado en costa, sierra y selva.
En resumen, en los mil años de mi influencia, los grandes aportes de Chavín a la Civilización Andina fueron:
En el pensamiento andino: la reciprocidad, la redistribución, el comunitarismo y el respeto a la naturaleza.              
En convivencia: la institución del ayllu como célula fundamental de la sociedad.  

En comunicaciones: el uso de una extensa red de caminos que unieron a todo el antiguo Perú; los que dos mil años después, aún eran utilizados por los Incas.       

En agricultura: el cultivo masivo de la papa y el maíz.

En ingeniería: el uso de andenes, canales de riego y represas.

En tecnología: la domesticación de la llama y su masiva crianza. La difusión de la metalurgia y de la cerámica. 

En comercio: la institución del trueque y el establecimiento de ferias agropecuarias.

En transporte: el uso de inmensos rebaños de llamas
para el traslado de alimentos y mercancías.

En el arte: el discurso, forma simbólica de una insuperable y bella escritura en la piedra.

Me explico. Mi hermoso templo, decorado con los más bellos frisos que conociera el mundo antiguo, está estratégicamente ubicado: dos cordilleras lo separan de la costa y otras dos de la floresta; y se halla justo en medio de la longitudinal de la sierra. Por esos caminos rebaños de llamas llevaban abundante alimento a diferentes partes intercambiando productos y dejando un mensaje de concordia en mi nombre; es decir por esos caminos, que hoy es el Capac Ñan, mis creyentes llevaron la civilización a todos los confines del antiguo Perú.


Es por ello que no quisiera que me sigan insultando llamándome «Lanzón», ese es un feo apodo que me puso un señor que no tenía mucha consideración a la Civilización del Ande,
José Toribio Polo, quien escribió que soy «una gran piedra que tiene forma de lanzón», y desde 1900 año en que publicó su libro "la piedra de Chavín", se fue difundiendo ese error.

Error, señores, grave error que han repetido algunos arqueólogos (don Julio César Tello nunca me insultó de esa forma), y que se ha consagrado en libros y documentos oficiales; pero no soy ningún lanzón, pues mi forma no es de una lanza, sino más bien, la de un gran cuchillo.

¿Lanza o cuchillo?

¿Por qué no me llamaron Cuchillón entonces? Pues ni lanzón ni cuchillón, esos son aumentativos que indican desprecio, desprecio con que antiguamente se referían los «estudiosos» al mundo andino. Estamos en el siglo XXI, una nueva era a partir de este 2012, una era de reivindicación de nuestra cultura ancestral. De modo que soy Guari, el dios Civilizador y así quisiera que me reconozcan. Así quisiera que me recuerdes tú, amigo que lees estas líneas. Recibe mis bendiciones, pues aunque ya «jubilado», sigo siendo el primer dios venerado en el antiguo Perú.

Gracias.

El dios Guari de Chavín


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