sábado, 13 de septiembre de 2014

EL GRAN INCA ANCASHINO

Un día como hoy, en 1992 el historiador Franklin Pease García Irigoyen, hermano del recientemente desaparecido Henry Pease, publica un memorable libro: Curacas, reciprocidad y riqueza, fruto de sus investigaciones sobre nuestro glorioso pasado.
En ese texto, Pease recoge la narración del entierro de Paullo Inca, el inca ancashino, el huaracino.


Franklin Pease tiene obras de gran valor para nuestra historia

A propósito, así como nos hemos propuesto reivindicar el nombre del DIOS GUARI DE CHAVÍN, cuya imagen es vilipendiada cuando la llamamos despectivamente "lanzón", también estamos en la lucha de desterrar el baldón que pesa sobre el nombre de Paullo, a quien historiadores advenedizos gratuitamente le han endilgado el mote de traidor.
Le llaman así porque dizque no se alió a Manco Inca para expulsar a los españoles, y por el contrario, luchó contra él, derrotándolo en siete batallas. Ocultan así su aversión al único inca no cusqueño, hijo de Huayna Cápac y la curaca huaracina Añas Colque.
Tenemos que ubicarnos en el contexto de esa época y no juzgar con ojos modernos, circunstancias y usos del pasado. La actitud de Paullo se justifica pues él reclamó su legítimo derecho a ceñirse la Mascapaicha, el símbolo real inca, por ser hijo de Huayna Cápac. Todos sabemos que muertos éste inca y su sucesor elegido, Ninan Cuyochi, debido a la virhuela traída por los españoles; se desató la lucha por la sucesión entre Huáscar y Atahualpa. Ambos se reclamaban herederos de Huayna Cápac y desataron una cruenta guerra civil. La presencia circunstancial de los españoles motivó la muerte de ambos. Es en este contexto que Manco y Paullo, ambos muy jóvenes, entran en la linea de sucesión. 


Dibujo de Guamán Poma de Ayala

Manco fue amparado por Pizarro y Paullo por Almagro, y con él fue a buscar un nuevo Cusco al país de los Araucanos. Mientras Manco, ofendido al ver violadas a sus esposas por los españoles, se levanta contra ellos y los arrincona en Lima, Paullo se vestía de gloria derrotando en cinco batallas a araucanos y mapuches, demostrando ser un genio militar.
A su retorno al país, es que se enfrenta a Manco, lo vence, lo arrincona en Vilcabamba y se corona inca.
No seamos ilusos. Hay quien piensa peregrinamente que si Manco Inca expulsaba a los españoles en el cerco de Lima, se restituía el imperio y jamás iban a regresar los ibéricos. Eso es falso. La suerte del incario estaba ya echada, oleadas y oleadas de europeos vendrían en los siguientes años y habría sido imposible controlarlos. Se iniciaba así la primera globalización.


Paullo en un documento del siglo XVII

Durante quince años, Paullo Topa Inca se puso al frente de la nobleza cusqueña y supo defender a las panacas incas de la voracidad de los españoles. De genio militar, pasó a ser un hábil político, que captó la dimensión de los cambios políticos que se sucedían con una velocidad pasmosa en los azarosos años de mediados del siglo XVI.
Su muerte fue muy sentida y según la narración de Franklin Pease, para su entierro se revivió el ritual establecido por Pachacútec: mucha gente salió a la plaza de Huacaypata en el Cusco a llorar por el inca fallecido, luego surgieron de dos esquinas gente de guerra que entablaron una batalla ritual en la que vencieron los de Hanan Cusco sobre los de Lurin Cusco, y finalmente aparecieron muchas mujeres llevando sobre sus ropas vestimenta de varones con vistosos tocados y altas albardas que cantaban las glorias y grandezas de Paullo Topa Inca.
A ver si a un traidor se le entierra de esta forma. Habrase visto.



Pintura de Paullo Inca, al pie del Señor de los Temblores

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